CANAL SPIRITUAL Y SANADORA
Desde niña, mi vida estuvo acompañada por lo invisible.
Uno de mis abuelos practicaba sanación energética con imposición de manos y a distancia, y varias personas de mi familia podían ver espíritus. Sin embargo, aunque esos dones estaban presentes, eran temas de los que se hablaba muy poco. En verdad, mi camino lo recorrí mayormente sola, apoyándome siempre de mis guías de mis espirituales.
y con mis vidas paralelas de Lemuria y Andrómeda. Ellos me enseñaban sobre la familia, el amor incondicional, las relaciones de pareja… y me recordaban a qué vine a la Tierra.
En el colegio fue donde domine mis viajes astrales. Mientras otros ponían atención en clase, yo salía a volar y a conectar con mis guías. En matemáticas me iba super por que canalizaba los resultados, aunque tuviera que inventarme el procedimiento después (sí, yo era esa niña que resolvía con magia).
Fue en la universidad donde mi canalización empezó a intensificarse.
Yo era la amiga “consejera”, pero en realidad lo que hacía era transmitir los mensajes que recibía. Extraños se me acercaban a contarme sus miedos, dolores y secretos, y yo simplemente dejaba fluir lo que me llegaba. Tuve momentos en los que canalizaba cosas muy fuertes y cuestionaba si esto si era algo que quería hacer, por que se sentía hasta doloroso.
Durante algunos años trabajé como diseñadora, hasta que lo inevitable sucedió: personas de distintos países, que yo no conocía, se dieron cuenta que tenia estas habilidades y comenzaron a buscarme para tener sesiones. Yo aún no daba citas, mis habilidades eran mi secreto.
Y mis guías fueron claros: ‘Es momento de entregarte a esto’. Renuncié a mi trabajo, sin un plan, pero con la certeza de que mi camino estaba en otro lugar.
Me fui a un viaje donde pude conectar con distintas tradiciones y comunidades espirituales. Entre ellas, con los Hopi.
Cuando conocí al sanador de la comunidad, me miró y me dijo: “Tú eres la persona por la que estaba orando para que viniera a ayudarme”. Y su hermano lo sintió también. Ahí todo hizo click. Ya no había marcha atrás. En ese momento me entregue a mi misión.
Ya son más de quince años utilizando mis habilidades de clarividencia, clariconciencia, visión remota, lectura de auras, lectura del estado de los cuerpos físicos, acompañamiento a almas en su trascendencia, conexión con guías espirituales, vidas pasadas y seres extraterrestres, entre otras habilidades, para guiar a muchas personas en su proceso de transformación.
A lo largo del camino también he integrado distintas disciplinas como el yoga, la meditación y la liberación somática, creando un acompañamiento profundo para que personas de todo el mundo puedan liberar bloqueos energéticos, despertar sus habilidades psíquicas y reconectar con su verdadera esencia.
Desde niña, mi vida estuvo acompañada por lo invisible.
Uno de mis abuelos practicaba sanación energética con imposición de manos y a distancia, y varias personas de mi familia podían ver espíritus. Sin embargo, aunque esos dones estaban presentes, eran temas de los que se hablaba muy poco. En verdad, mi camino lo recorrí mayormente sola, apoyándome siempre de mis guías de mis espirituales.

y con mis vidas paralelas de Lemuria y Andrómeda. Ellos me enseñaban sobre la familia, el amor incondicional, las relaciones de pareja… y me recordaban a qué vine a la Tierra.
En el colegio fue donde domine mis viajes astrales. Mientras otros ponían atención en clase, yo salía a volar y a conectar con mis guías. En matemáticas me iba super por que canalizaba los resultados, aunque tuviera que inventarme el procedimiento después (sí, yo era esa niña que resolvía con magia).

Fue en la universidad donde mi canalización empezó a intensificarse.
Yo era la amiga “consejera”, pero en realidad lo que hacía era transmitir los mensajes que recibía. Extraños se me acercaban a contarme sus miedos, dolores y secretos, y yo simplemente dejaba fluir lo que me llegaba. Tuve momentos en los que canalizaba cosas muy fuertes y cuestionaba si esto si era algo que quería hacer, por que se sentía hasta doloroso.

Durante algunos años trabajé como diseñadora, hasta que lo inevitable sucedió: personas de distintos países, que yo no conocía, se dieron cuenta que tenia estas habilidades y comenzaron a buscarme para tener sesiones. Yo aún no daba citas, mis habilidades eran mi secreto.
Y mis guías fueron claros: ‘Es momento de entregarte a esto’. Renuncié a mi trabajo, sin un plan, pero con la certeza de que mi camino estaba en otro lugar.
Me fui a un viaje donde pude conectar con distintas tradiciones y comunidades espirituales. Entre ellas, con los Hopi.

Cuando conocí al sanador de la comunidad, me miró y me dijo: “Tú eres la persona por la que estaba orando para que viniera a ayudarme”. Y su hermano lo sintió también. Ahí todo hizo click. Ya no había marcha atrás. En ese momento me entregue a mi misión.

Ya son más de quince años utilizando mis habilidades de clarividencia, clariconciencia, visión remota, lectura de auras, lectura del estado de los cuerpos físicos, acompañamiento a almas en su trascendencia, conexión con guías espirituales, vidas pasadas y seres extraterrestres, entre otras habilidades, para guiar a muchas personas en su proceso de transformación.
A lo largo del camino también he integrado distintas disciplinas como el yoga, la meditación y la liberación somática, creando un acompañamiento profundo para que personas de todo el mundo puedan liberar bloqueos energéticos, despertar sus habilidades psíquicas y reconectar con su verdadera esencia.